Mostrando entradas con la etiqueta vivir en paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vivir en paz. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de mayo de 2012

Reinas del drama

Hay una expresión americana muy típica que se usa para referirse a la gente que es una enamorada del dramatismo. Sus vidas son una tragicomedia constante, repletas de pasiones irrefrenables exageradas hasta la extenuación  y el sinsentido. Son las llamadas drama queen, no confundir con drag queen, por favor. 


Estas reinas del drama son capaces de ver al enemigo agazapado detrás de cada esquina. Sus almas de dramaturgas superan incluso cualquier cosa que Calderón de la Barca hubiera podido jamás soñar, y eso que la vida es sueño, y los sueños sueños son. Pero estas Segismundas de hablar violento e imaginación de poeta, son capaces de transformar un susurro en una mascletá.

De la misma forma son capaces de ver amigas incluso en un campo de hierba plagado de sanguijuelas, para mas tarde convertirlas de nuevo en esas sombras que se agazapan tras las esquinas.
En la Edad media se creía en la transmutación de los metales, pero el engaño no pudo llegar hasta nuestros días. Hoy día parece que se lleva la transmutación de la amistad. Hacen falta los mismos ingredientes: un experto ilusionista y un público sin interés por descubrir el truco, pero entregado al divertimento.
Puedes convertir en un santiamén a un ángel en un demonio delante de todos dejándolos boquiabiertos.

Y si, me entretiene el espectáculo. Porque si me dices que en el fondo, en el fondo mas hondo, no haces el espectáculo que haces para entretener, no te creeré.
Eres toda una drama queen, te debes a tu público, y no quieres causarle indiferencia. Por eso estirarás hasta el final tu actuación. Y yo personalmente, admiro tu afán por no perder el papel protagonista, y por tu sincero compromiso con el entretenimiento.

Thank you for the show
Toti

lunes, 23 de abril de 2012

Y entonces, llegaste tú

El 2010 fue un año peculiar, ya lo sabía yo nada más comenzar. Fue un año distinto a todos los demás y no precisamente porque ese año un pulpo nos augurara que íbamos a ser campeones mundiales en football, (que también).
Fue el año que me cambió. Me dí cuenta de que las tropecientas personas que me rodeaban por todos lados no eran más que gente de quita y pon, gente para salir de fiesta y nada más.
Me dí cuenta de que yo no era la mejor amiga de quien creía serlo. El concepto mejor amiga está sobrevalorado, hablando abiertamente no te agenciaste a la persona con la que yo estaba, no porque no quisiste, sino porque no tuviste la ocasión. Y sin embargo, yo no quería quitarme la venda de los ojos, será porque te quería demasiado.
Pero llegó un día que asumiendo mis propios errores, me la quité y me di cuenta de que eso no era amistad (es como cuando estás a dieta, y te comes una zanahoria haciéndote creer que es un bocata, puedes intentar engañarte, pero tarde o temprano tienes que aceptar que no dejará jamás de ser una zanahoria).
Creo que aún a estas alturas es probable que desconozcas la fuerza de esa palabra. Toda la vida has echo lo que has querido, y eso ha conllevado utilizar a muchas, muchas personas, incluida yo.
Aún me jode entristece recordar cómo escogiste, y no fue apoyarme a mí. Será porque era un momento único, muy duro y muy especial, yo estaba embarazada.
Yo fui capaz de ocultarte algo muy grande, y todo para no enturbiar tu estado de enamoramiento (ese en el que tanto sufriste, por primera vez en tu vida, y en que tanto, tanto te apoyé..). Tú me lo pagaste con una moneda en alza, dos guantazos con la mano bien abierta (si hubieran sido físicos, hubieran dolido menos).
Elegí, y preferí no vivir una mentira y por eso te alejé de mi vida, y sin embargo, es una de las cosas más duras que he hecho jamás. Me quedé sola, triste, y con el alma desnuda.
Afortunadamente, no estaba sola, esa era mi percepción, dado que la pena no me dejaba ver la luz, esa luz que siempre está ahí, y llegó en el momento justo, el más indicado, las primeras patadas, los primeros bailoteos y pisoteos de vejiga en mi interior. Ya no estaba sola, ni lo estaría nunca más.
No soy (ya) una persona rencorosa, y por eso necesitaba decirle adiós a esta pequeña espina que aún me pinchaba con su pico, y aunque no olvido, sí perdono. Es lo más importante para vivir en paz.